Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

Opinión pública ¿enjuiciadora o morbosa?

domingo, 5 de septiembre de 2010

Antes de ayer, escuchando la radio, me ví sorprendida por la siguiente noticia:

“La alcaldesa de Pamplona pide el divorcio después de que su marido anuncie su casa de lujo por televisión”.

Dejando a un lado lo inútil y poco convenientes que me parecen los diversos programas que enseñan mega mansiones para ponernos los dientes largos, encuentro flipante que esto se considere una noticia que debe estar incluida en los informativos de radio y televisión.
Siempre se ha hablado de la vida sentimental de actores, cantantes, toreros, etc., pero parece que el campo del artisteo se ha quedado corto y hay que buscar nuevos objetivos a los que despellejar.

He oído utilizar como argumento, que la vida privada de los políticos interesa a la opinión pública en cuanto a que, en ocasiones defienden en público valores u opiniones que luego pisotean en su vida personal. Es el caso de John Edwards, candidato demócrata de EEUU, defensor de los valores tradicionales, y que fui infiel a su esposa enferma de un cáncer incurable. Supuso todo un escándalo, y obligó al tipo a dimitir, aunque nunca llegó a admitir que éste fuera el motivo.

Y con esta excusa, poco a poco, hemos pasado a hablar de la vida privada de los políticos, sin motivo, sólo por puro cotilleo.

De ahí que se comentase si Aznar era el padre del hijo que esperaba la ministra francesa Rachida Dati. El divorcio de el ex ministro Álvarez Cascos. El divorcio de Felipe González y su posterior relación con otra mujer. El matrimonio Sarkozy-Bruni, etc., etc.

La cosa se complica si, además del cotilleo y posibles valores morales, se añaden pequeños detalles que hacen que la infidelidad/escarceos amorosos, se compliquen con algún delito.

En este caso, encontramos a la Mrs. Robinson del siglo XXI, Iris Robinson, esposa del expresidente de Irlanda, que se acostaba con un jovencito, y a cambio le financiaba sus negocios con dinero de las arcas públicas.

O al cavalieri Berlusconi, famoso por sus inocentes fiestecitas con prostitutas y menores, a los que les “presta” sus aviones oficiales, no vaya a ser que pierdan el autobús y lleguen tarde a casa.

En estos casos, podría justificarse el dar la noticia, en cuanto a que el delito viene a colación del vicio de las criaturas.

Pero para demostrar que nos va la marcha, tenemos el inolvidable escándalo sexual por excelencia. La parejita Clinton-Lewinsky. Está claro que se hizo notorio por ser el presidente de la primera potencia mundial, pero ¿por qué dió tanto juego?

En principio, no hubo ningún delito como tal, aunque en EEUU parece que se sintieron ofendidos porque el "suceso" se produjo en el Despacho Oval. Cosas más obscenas se han hecho y decidido en ese despacho, seguro.
Parece que dió mucho bombo también, que la becaria más famosa de todos los tiempos, decidiera guardar su vestidito azul (con mancha) durante años, y una muestra de la virilidad de su presidente, en el congelador. Sinceramente, esto a mi modo de ver la degrada más a ella que a él, pero por retorcida y por no poner una lavadora en su momento.
Y por último, de lo que se acusó a Clinton, fue de mentir a los ciudadanos de su país, ya que al principio negó cualquier tipo de relación sexual con Lewinsky. Hace falta ser hipócrita. ¿Así que se sorprendieron porque el presidente les mintió? Pues vaya novedad. Es un político.

Todo esto, me lleva a pensar que la doble moralidad de los políticos es sólo una excusa para tapar la doble moralidad de la Sociedad. No nos interesa hacer justicia por los delitos que cometen, a la gente lo que le mueve es el morbo de quién se acuesta con quién y quién le pone los cuernos a quién. Vamos, más de lo mismo.

Si no me creeís, poned la televisión a las 17.00 de la tarde.

Quién destruyó el Partenón y por qué

sábado, 5 de junio de 2010
La cultura popular siempre nos ha contado que el Partenón lo destruyeron los turcos, que habían puesto allí un polvorín que, despistados ellos, estalló. Pues bien, ni la historia es tan sencilla, ni los turcos fueron tan bobos: el Partenón sufrió un largo proceso de deterioro y pillajes entre cuyo protagonistas se encuentran, por encima de todos, los europeos occidentales.

Así lucía el Partenón antes de los sucesivos expolios
Réplica de Nashville

Los persas destruyeron un templo, el Partenón Viejo, que estaba situado justo donde está el actual, con otra orientación, eso sí; sin embargo, al pueblo ateniense no le preocupó demasiado: tras las guerras médicas, vencidas por la Hélade, Pericles halló financiación para el proyecto arquitectónica más grande de la Atenas clásica: la reconstrucción de la Acrópolis. A su vez, cuando Alejandro Magno conquistó Persépolis un siglo más tarde, mandó destruir piedra a piedra el complejo palacial del emperador Dario III, en venganza del destrozo que había hecho su antepasado en Atenas.
En el 256 el Partenón ardió. Hay que recordar que pese a que el edificio como está hoy es solo de mármol, originalmente tenía unas vigas de madera para sujetar el techo de tejas. Esto ardió, pero fue rápidamente reparado.
El primer destrozo en el Partenón lo hizo el Imperio Bizantino, que saqueó la estatua colosal de Atenea Partenos, estatua criselefantina de madera, mármol, oro y marfil que se levantaba en el sancta-sanctorum del templo: el propio nombre de Partenón le venía de su consagración a Atenea Virgen (Parthenos es virgen en griego). Fue un acto de pillaje de los griegos cristianos contra su propio pasado pagano. Sin embargo, el templo se mantuvo intacto. La estatua desapareció en la cuarta cruzada.

Atenea Parthenos (réplica de Nashville)

Un poco más tarde la iglesia, ya lanzada, consagró el templo a la Virgen Maria (me imagino que algo así como Parthenos Maria). Sin embargo, esta vez los cristianos no fueron tan respetuosos y decapitaron todas las estatuas que consideraban demasiado profanas, mientras que se destruyeron algunas de las metopas del templo.

Mapa del Imperio Franco de Ultramar (en amarillo), verdadero destructor del Partenón


La cuarta cruzada, llevada a cabo principalmente por venecianos y francos, además de destruir la estatua de Atenea Parthenos, que estaba en Constantinopla, se hizo con el control de la ciudad. El templo ortodoxo de Maria Parthenos fue convertido en iglesia católica. Los francos derribaron los muros del sancta-sanctorum y construyeron un ábside. Es quizás esta destrucción la segunda más importante en la historia del Partenón, y puede que la más desconocida: los franceses tiraron medio edificio para construir una capilla. Parte del techo fue también destruida para colocar una enorme cruz. Por primera vez la estructura del Partenón se alteraba significativamente.
El episodio que más se recuerda, quizás por un poco de racismo, fue la destrucción culpa de los turcos. Culpa a medias, todo hay que decirlo. Los turcos respetaron la construcción tal y como se la habían encontrado; no la destruyeron pero tampoco la restauraron. Simplemente, los turcos utilizaron el templo como polvorín (algo muy absurdo), y en un ataque de Venecia, una pieza de mortero disparó sobre el templo. ¡Catacrocker!
Por último, otro de los destrozos menos conocidos fue el que llevo a cabo Elgin, lord inglés, que desmontó las esculturas que quedaba y se las llevó a Grecia. Quizás este pillaje es mi favorito: fue realizado con toda impunidad, por un supuesto amante del arte. Grecia estaba bajo el poder de los turcos sumida en medio de una guerra por la independencia, y Elgin... se llevó los frisos. Ya se sabe: a río revuelto, ganancia para pescadores.
En mi opinión, el gobierno griego no debería dejar entrar un solo inglés a ver el Partenón hasta que no le sea restituido hasta el último guijarro, pero según pinta la situación, el horno de Grecia no está para esos bollos.

El Partenón, hoy

Fuentes:
http://en.wikipedia.org/wiki/Parthenon
http://en.wikipedia.org/wiki/Latin_Empire
http://diariocopepodo.bitacoras.com/archivos/2006/01/31/grandes-cagadas-de-la-historia-del-hombre-1-destruccion-del-partenon
AA.VV., Historia del Arte clásico de la Antigüedad, ed. Cera, Madrid, 2009.
Related Posts with Thumbnails