El gato de Asimov

sábado, 2 de octubre de 2010
Nada tienes que ver con el gato de Schrödinger.
Estoy leyendo la autobiografía de Asimov, grata por demostrar la calidad humana de este escritor. Me he encontrado este párrafo que habla de su primera experiencia universitaria, que no fue en química, ciencia que eligió posteriormente, sino en zoología (¿veterinaria?). Como estoy de vacaciones lo voy a copiar literalmente, y os dejo interpretarlo a vosotros mismos.
Saludos!

El problema era que teníamos que encontrar un gato extraviado y matarlo metiéndolo en un cubo de la basura que llenábamos con cloroformo. Lo hice, como un estúpido. Después de todo, sólo seguía las órdenes de mi superior, como cualquier funcionario nazi de los campos de concentración. Pero nunca lo superé. Aquel gato muerto siempre me acompaña, e incluso en la actualidad, medio siglo después, cuando lo recuerdo, me retuerzo de pena.
Fuente: I, Asimov.

Mentiras nazis

martes, 28 de septiembre de 2010
Con esto del 29- S, llevo escuchando día tras día y semana tras semana la frase: "¿Para qué voy a hacer la huelga, si no sirve para nada?". Ya ni me molesto en contestar, es agotador. Pero ya que aquí al menos me podré expresar sin que me interrumpan o me griten, explicaré por qué creo que eso no es más que una excusa.

Vaya por delante que respeto al que no quiera hacer la huelga, está en todo su derecho, pero al menos, que si se quiere trabajar, se haga por motivos ideológicos, éticos, personales...pero no por un argumento basado en una verdad a medias.

Recordemos (que parece que se nos ha olvidado) que el poder del trabajador es enorme, sin trabajadores, una empresa va a pique. Ahora bien, para que esto funcione, el trabajador tiene que estar unido a sus compañeros, que son iguales a él y defenderse de las posibles agresiones del empresario. Hablando en plata, no estar lamiéndole el culo, porque aunque esté jodiendo a otros trabajadores y esta vez a tí no te toque, ten por seguro que no le va a temblar el pulso si llega el momento de joderte a tí.

De esta forma, si los trabajadores se unen y hacen huelga para quejarse de la decisión que ha tomado el Gobierno (que en este caso hace el papel del empresario), SÍ se pueden cambiar las cosas. Para muestra un botón:

El 14 de Diciembre de 1988 se echó atrás la reforma laboral que planteó Felipe González para abaratar los despidos e introducir contratos temporales en trabajadores jóvenes. Fue secundada por el 90% de la población activa en ese momento y no sólo se detuvo la reforma, sino que se incrementó el gasto social.

El 20 de junio de 2002, se echó atrás la Ley conocida como "Decretazo" de Aznar, por la misma razón, la protesta en la calle de los trabajadores.

¿Qué es exactamente lo que nos hace pensar que esta vez no va a ser así?Sinceramente creo que se debe unicamente al autoconvencimiento que ha hecho la gente para justificarse el no ir a la huelga y a lo que hemos estado viendo día tras día en los medios. ¿Que los sindicatos están vendidos? Es probable, pero no por eso vamos a dejar que nos sodomicen ¿o sí?.

Repito que para los que tengan otros motivos, me parece bien el no secundarla, pero a los que sólo han sabido darme el de la "inutilidad de hacer huelga" les propongo un ejercicio de memoria, además de la experiencia de huelgas anteriores.

¿Recordaís a este simpático tipo?



En efecto, es Goebbels, el ministro de propaganda de la Alemania Nacional Socialista. Este hombre se hizo famoso por su gran poder de convicción de las masas, controlando todos los medios de comunicación, ocultando información y transformando derrotas en victorias para sus seguidores. Y lo hizo muy bien. Su principal lema era: "Una mentira contada muchas veces, se convierte en verdad." Y ahora, refrescadme la memoria a mí, por favor ¿quién ha dicho que las huelgas no sirven para nada?

Aventura sobre ruedas

domingo, 26 de septiembre de 2010
Soy uno de los tipos más racionales que conozco. Es cierto, suelo ver de manera cristalina todo tipo de situaciones. Mis (pocos) amigos y amigas saben que ante un problema que se les presente pueden contar con mi fiable y objetiva opinión a través de la cual poner en orden todo tipo de asuntos.
Cabe comentar también que, asimismo, soy uno de los tipos más desequilibrados que conozco (y conozco a muchos, recordaré aquí que trabajo en un centro de salud mental). A lo largo de mi vida me he visto en medio de aconteceres a los cuales alguien realmente sensato ni siquiera se habría acercado.
¿Cómo casar ambas características? bueno, parece complicado, pero no es para tanto.

El caso es que, por motivos que no incumben al lector de este blog, me fue asignada la siguiente tarea: llevar una silla de ruedas eléctrica de punta a punta de Madrid (centro, de Vallecas a Valdezarza). Una persona cabal seguramente habría considerado la posibilidad de alquilar algún medio de transporte mediante el cual poder llegar en un periquete sano y salvo a su destino.
Pssscha. Ya he insinuado antes que no soy un tipo del todo cabal.
Armado de valor, paciencia, 0 horas, 0 minutos y 0 segundos de práctica, y medio camino apoyado por mi compadre y cocreador de este blog el barón de la birrada, me dispuse a esta empresa con el ánimo de quien no es consciente de lo que hace.
Y 2 horas de carga de batería, lo cual, la verdad, no me tranquilizaba demasiado. La silla de la que hablamos pesa más de 70 kilos, y no está hecha precisamente para recorrer con ella "manualmente" un largo trecho. Pero, joder, a veces en esta vida hay que tomar riesgos.

Los comienzos fueron complicados. No están demasiado acondicionadas las calles de Vallekas para el tránsito de vehículos de 4 ruedas unipersonales. Tuve que ir a Pacífico a coger el metro, ya que, no sé muy bien gracias a quién, no abundan las paradas de línea 1 con ascensor. Así pues, tras un par de rectas y un par de curvas y un par de baches, encarrilé mi culo móvil a un autobús que ahorrase al gentío de un loco motorizado. En el momento de tomar la rampa que el amable conductor que extendió, me di cuenta de que en Madrid hay dos tipos de autobuses: los que tienen habilitada una zona amplia para carritos y sillas y... los que no. Atrancado pues me quedé, por lo ya comentado y también en gran parte mi poca pericia a la hora de conducir vehículos en general.
Apuntaré aquí que la idea era llegar en silla hasta mi destino... sin levantarme de mi asiento. No por crueldad o vaguería, si no para comprobar en mis propias carnes como era aquello; se trataba de un tema personal.
Al no haber manera de reconducir mi situación, tuve que pedir ayuda. La gente se suele mostrar bastante amable en estos casos, y si no lo es, al menos se mantiene ausente, no diciéndome nadie nada por medio bloquear el pasillo y yendo por mí un señor muy majo a picar el metrobús. Ole desde aquí a las buenas intenciones del buen hombre.
La salida resultó también un tanto dificultosa. Tuve que hacerlo de espaldas y a ciegas, y di con mis cables y aceros en una acera la mar de estrecha a la par que sucia (que poco tiene que ver con la situación de la que hablo, pero nunca viene mal hacer apología del civismo).

Renqueante, un tanto avergonzado por la necesidad de rescate, y tenso como el hámster al que van a inyectar un virus de nueva producción para comprobar efectos, conseguí llegar al metro. Allí, un par de grupúsculos de gentío me cedieron el paso para que cogiera los correspondiente e indispensables ascensores con los que llegar a las vías, dpnde me aguardaba mi fiel compadre, cuya misión consistiría básicamente en llamar al 112 si descarrilaba.
Encarar el metro, siguiente obstáculo. Tampoco había sido nunca consciente de que la entrada al mismo no está a ras del suelo, si no que hay que salvar una pequeña y jodida elevación cuando no puedes usar tus piernas para acceder a tal medio de transporte.
"Arrea", me dije, mientras veía alejarse a los vagones (bueno, lo he edulcorado bastante, en realidad solté una sarta de improperios poco adecuados para los ojos de los lectores más inocentes). La única solución era, por tanto, volverse por donde había venido y... y...

Qué cojones, eso lo haría un cobarde (o alguien que ame su vida). La solución era abordar ese infernal hueco A LAS BRAVAS.

Me dispongo pues a cumplir tal paso cuando... va la puerta del metro y para a un metro de donde me había preparado. Manda cojones. Dio igual, aprovechando que si me ocurría algo el barón rescataría mis huesos de entre los raíles, fui capaz de, con una maniobra un tanto arriesgada, ante la cual los allí presentes no tuvieron otra que hincharse a aplaudir (bueno, esto es mentira, pero como realmente fui un temerario y me jugué el cuello por no esperar al siguiente, prefiero recordarlo así...), conseguir abordar el vagón correcta y abruptamente.
Cambio de metro. Bajo otra vez de culo (y hablando de culos, a esa altura se ven unos cuantos). Encaramos la línea 7, con el júbilo de quienes se saben en buen camino y... nos equivocamos de dirección. Vuelta atrás. No pasa nada, aún teníamos tiempo para llegar a Mordor y arrojar el anillo único a... no, eso no va aquí. Damos al botón del ascensor, esperamos, se abren las puertas y... sale el padre de quien en estas líneas trata de plasmar sus correrías, blanco por ver a su hijo ensillado. No tuve otra que descojonarme, pobre padre mío.
Finalmente, antes de poder volver a ver lal luz, tuve que enfrentarme a un último impedimento: mi torpeza. Otra vez para bajar del metro, únicamente tenía ir hacia atrás, recto, y a una cierta velocidad para no encallarme en el intervalo espacial vagón-suelo. Bien, como mi coordinación visomotriz es regulera, y el mando lo tenía a mi derecha y no enfrente de mí, y ya me sentía más seguro con mis nuevas habilidades conductoras, acabé haciendo un giro de no te meneés con el que en esta ocasión se el que se quedó blanco fue mi buen escudero.

Y ya sí que poco más. Anduvimos (es un decir) hasta nuestro destino y allí pude levantarme y estirar las piernas otra vez. Sano y salvo.
Me pondré serio aquí para fijar la atención de quien esté dispuesto en las mediocres instalaciones con las que cuenta el sistema de transportes de Madrid, y su vía de carreteras y aceras, para la gente que, desafortunadamente, se ve obligada a vivir su vida utilizando una silla de ruedas. Yo lo cuento ahora medio de cachondeo, pero hay quien debe enfrentarse todos los días a este tipo de engorros. También es justo remarcar que he dicho "mediocres" y no "penosas", lo cual ya es algo, y que imagino que poco a poco (muy poco a poco) se irá mejorando el tema.

Ésta es la foto que he encontrado que mejor refleja lo que fue mi vivencia...


Tras todo esto, me tomé una cerveza. O 2 o 3, no lo recuerdo, ni tampoco viene al caso.

Madrid me emborracha revival

martes, 21 de septiembre de 2010
Lejos queda en este momento, pero ya advertimos en la primera entrada de este blog que ésta no es nuestra primera experiencia en el mundillo del blogspot. La difunta Madrid me emborracha fue una experiencia realmente enriquecedora, más que nada porque para poder mantenerlo teníamos que ir de caza de bares con mucha mayor frecuencia de la que sería deseable para unos tipos como nosotros... o bueno, mejor dicho, para los que aguantan a unos tipos como nosotros.

De entre las no demasiadas entradas que escribimos aquel año, guardo una con mayor cariño. No es la más graciosa, ni de lejos, ya que al menos una de cada uno de los tres autores consiguió, en mi opinión, alcanzar la catalogación de "genial". Si bien he de aclarar que nunca he sido un tipo demasiado modesto.

Aviso también al lector, y con ello le calmo, de que esto que hago ahora, rescatar una vieja entrada, no será costumbre; en absoluto. No tenemos la menor intención de usar los antiguos artículos ahora y meterlos con calzador simplemente por rellenar. Pero es que el coautor de la entrada que voy a republicar acaba de marchar en un viaje inhóspito, lleno de peligros, y ante el cual casi seguro perecerá tras volverse no loco, sino loquísimo.
Sirva de pequeño homenaje, hijo de puta. Lo cierto es que no creo que te haga ni puñetera gracia que lo resuba, pero te jodes.

He aquí, Mujeres y Cerveza [toda la cursiva es parte del escrito, hasta la nota]:

Nota introductoria: como decimos a lo largo del texto varias veces, en el momento en que nos dio por plasmar estas ideas el nivel de alcohol en nuestra sangre ya era notable. Avisamos de que no hay que tomárselo en serio, ya que además de borrachos estábamos bastante de coña, así que si al leerlo alguien empieza a pensar en nosotros como dos memos machistas, que sepa que la realidad difiere mucho de esa idea. Si al final lo publicamos es para que se vea el efecto del alcohol en nuestra capacidad de discernimiento, y qué coño, que al verlo al día siguiente sorprendía lo, al menos estructuralmente, decentemente escrito que estaba teniendo en cuenta cómo acabamos esa noche. Ahí va:


Escrito conjuntantemente por n.S. y Dain en estados de ebriedad. Y cuando decimos conjuntamente, es a la vez, pasándonos el teclado de uno a otro.

Las mujeres son... lo que son. No entiendan aquí algo que nosotros (no) queramos decir [espacio en blanco]. Es sólo que... bueno, nosotros somos hombres, esto es, no somos mujeres. Sabemos que es una idea redundante, pero, sencillamente, es así.

¿Por qué escribimos esto? Para que la gente lo entienda (pese a no creer que lo consigamos). Hay cierta relación entre el alcohol y las mujeres (bueno, aclaremos, entre el alcohol y NO conseguir a las mujeres; si folláramos todos los días juramos que seríamos abstemios). Así que nos hemos propuesto dilucidar cuál es tan complicada relación, por aclararla para nosotros mismos y darla a entender al mundo.

Hemos de aclarar que uno de nosotros es psicólogo. Y el otro psicótico. Pero, vaya, que ambas cosas sirven para lo mismo en cuanto a universo mujeril se refiere, esto es, NI PARA TOMAR POR CULO. El entender la psique humana es una cosa, pero de ahí a poder entender siquiera a una sola mujer, la más simple de entre todas las que puedas encontrar, hay un auténtico abismo. Pongamos un ejemplo: nadie entiende de dónde venimos (cósmicamente), ni a donde vamos (cósmica y literalmente), y no parece entrañar un problema. Lo tomamos como dogmas de fe; el MISTERIO de las mujeres es también incomprensible para nosotros, pero... ¿cómo nos lo tomamos?.

MAL, MUY MAL, evidentemente, sino no estaríamos haciendo el capullo escribiendo a estas horas sobre este tema, bebidos, como ya hemos aclarado antes. Nosotros lo intentamos, JURAMOS QUE LO INTENTAMOS, JARRRRLLL, pero no somos capaces.

Al meollo de la cuestión: expongamos nuestros casos. No, mejor no los expongamos. Como sea, que quede claro que no somos capaces de comprender a la mujeres. Para ellas el no y el sí son lo mismo. En eso radica la principal cuestión. Nuestro cerebro, racional, trata de entender un sí cuando oímos un sí, y viceversa. ¿Por qué ellas se empeñan en lo contrario?.

También está el nocivo efecto que producen en nuestro desempeño intelectual. A uno de nosotros, aunque probablemente a ambos, cuando una mujer le resulta lo suficientemente interesante como para fijarse de verdad en ella, se vuelve gilipollas. Así de sencillo. Gilipollas. Se le trastoca el equilibrio químico del cerebro. Dopamina, serotonina, acetilcolina, nosotros qué coño sabemos. Eso no tiene explicación neurológica posible.

Vamos, que básicamente escribimos esto porque ya vamos cocidos y estamos buscando una forma de descargar nuestra testosterona contenida. Ambos en nuestra vida hemos tenido, y tenemos...

fRUSTACIÓN+aLCOHOL=bLOG'S pOST

P.D.: creemos que al final, no hemos aclarado nada.

El cachondeo nos gusta más

viernes, 17 de septiembre de 2010
Estamos cansados de concursos aburridos, certámenes que ganan los y las más guapos/as, presentadores y presentadores que de tan guapos que son todos, al final te resultan indiferentes. Por eso, cuando sale algo distinto, aunque sea esperpéntico, nos mola.

El festival de Eurovisión, por ejemplo. Hace muchos años era todo un acontecimiento, pero ultimamente se había convertido en el concurso más soso, amañado y soporífero de la historia de los concursos. Pero he aquí, que apareció Rodolfo Chiquilicuatre, una parodia no sé muy bien de qué, que resultaba totalmente friki y que supuso un mal trago para muchos de los organizadores/seguidores/defensores de Eurovisión (que resulta que los hay) que afirmaban y reafirmaban que no se podría presentar algo así, que "España no lo permitiría". Pues ahí estuvieron luego, con su cara de "aquí huele a mierda", defendiendo que Rodolfo podría incluso ganar el concurso.



El caso es que ese año, todo el mundo vió Eurovisión, bailó el Chiqui-Chiqui, dijo en algún momento "Perrea, perrea" y resucitó un Festival hasta entonces muerto.

El siguiente en liarla y España apoyarle, fue John Cobra. Otro friki (de otra índole) que más que llevarle a Eurovisión por cachondeo, era para ver si la liaba. Y así lo hizo, solo que en la gala previa. Mítico su "¡comedme todos la polla!":



Él no llegó a Eurovisión, ¿recordaís quién fue? Yo tampoco. En cambio, si buscas un poco en youtube, ese año fue otro chico, al que sólo se le recuerda porque hubo otro friki, Jimmy Jump, que saltó al escenario a boicotearle.



Por mucho que moleste, sólo se recuerdan las cosas que se saltan las normas, lo que da algo de vidilla, lo diferente a lo que estamos acostumbrados en televisión. Lo que es tan perfecto y tan bello, ya cansa. Por eso, esta mañana he visto lo siguiente:

Un melenudo va ganando el concurso Pelopantene, que se desarrolla on line y que habitualmente ganan sílfides de largos cabellos.



El melenudo lleva ya 14.271 votos, y la chica que más cerca está, le sigue con 1.179, es decir, 13.000 puntos de diferencia!

El resultado es que le han expulsado del concurso, una lástima, a mí me gusta más él. Pero las preguntas que se ma pasan por la cabeza son: ¿se había seguido antes tanto este concurso?¿había recibido antes alguien tantos puntos?¿se había hecho tanta publicidad de Pelopantene fuera de su propia campaña? Yo creo que no.

Benito Pérez Galdós era creacionista

jueves, 16 de septiembre de 2010
Estoy leyendo una novela del escritor realista llamada El amigo Manso. Habla sobre un tipo que es una especie de Ignatius Reilly decimonónico español: profesor de instituto, intelectual entre indianos e ilustrado entre gañanes.
Acabo de leer el siguiente párrafo:

Y como quien ve descubierto un secreto querido, se turbó, no supo responder, vaciló un momento, dijo dos o tres frases evasivas, y a su vez me preguntó no sé qué cosa. Interpreté su turbación de un modo favorable a mi persona, y me dije: «Quizás leería algo mío». Pero al punto pensé que no habiendo yo escrito ninguna obra de entretenimiento, si algo mío leía, había de ser o la Memoria sobre la psicogénesis y la neurosis, o los Comentarios a Du-Bois-Raymond, o la Traducción de Wundt, o quizás los artículos refutando el Transformismo y las locuras de Hæckel. Precisamente la aridez de estas materias venía a dar una sutil explicación al rubor y disgusto que noté en el rostro de mi amiga, porque, «sin duda -calculé yo- no ha querido decirme que leía estas cosas por no aparecer ante mí como pedantesca y marisabidilla».

Como diría Fraga: "si a un hombre no le gusta
una mujer tan guapa como esta, tiene que estar enfermo"

En las notas de la edición (Cátedra, con muy buenas notas pero carente, ay, de una corrección ortotipográfica a la altura de las circunstancias), explica que el Transformismo era el nombre que se le daba a lo que hoy en día conocemos como evolucionismo. Hæckel era un zóologo de la época que apoyaba las teorías de Darwin. Efectivamente, este personaje, Máximo Manso, protagonista de la obra, es una especie de proyección literaria del propio Galdós, con el que tiene varios episodios vitales en común. Entre estos, me arriesgaría a decir que la incredulidad ante las teorías darwinianas que consideraba "locuras".
Es curioso, porque el libro se dedica a criticar el bajo nivel cultural español, sin saber Galdós que él mismo era también un poco víctima de esta escasa altura intelectual decimonónica.
¿Acabaremos refutando otra vez el darwinismo?
Juzgad vosotros mismos:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Gobierno/planea/recorte/ciencia/2011/elpepisoc/20100912elpepisoc_3/Tes
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/09/14/ciencia/1284458377.html
http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/recorte/presupuestario/ceba/sistema/educativo/publico/elpepuespval/20100829elpval_5/Tes
http://www.madridprogresista.es/2010/06/13/el-gobierno-aguirre-se-ceba-en-los-recortes-a-los-profesionales-de-la-educacion/
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/recortes/presupuesto/llegan/laboratorios/elpepusoc/20100727elpepisoc_4/Tes

Sujetar la puerta a una mujer en el banco

martes, 14 de septiembre de 2010
Yo soy de esos tipejos que cuando van al banco se ponen sus pantalones más ajados, e incluso nos ponemos a pintar alguna puerta en casa para poder acudir a nuestra visita pecuniaria con las manos bien embadurnadas de pintura.
Todo esto porque el banco nos parece un sitio demasiado higiénico para lo que es, un sitio donde la gente va demasiado encorbatada para lo que son; en definitiva, un sitio al que se va vestido de gala donde se roba a cascoporro. Solo comparable con el parlamento.
Pero lo que he visto hoy ha superado mis expectativas.
Efectivamente, iba con mis pantalones de granjero y el pelo bien sucio y me disponía a entrar en el banco por una de esas puertas dobles antirrobos por las que solo puede pasar una persona a la vez y pulsando un botón, pero que no deben funcionar muy bien porque de lo contrario no dejarían pasar a los banqueros. Al lado de esta puerta había otra de las de siempre, de visagras, con una señora empujando un carrito bajo sus jambas, luchando denodadamente contra el peso de la hoja.

La puerta de mi banco

Como mi abuelo me enseñó a fuerza de capones a ser un galán, me he abalanzado hacia la puerta dichosa para dejar pasar a la señora y al churumbel; ella, en vez de con un sencillo "gracias" me ha contestado algo que mi oído ha encontrado inescrutable, debido a una inompatibilidad de su dialecto con el mío. Lo único que he entendido era la palabra "puerta", algo obvio por la situación; por lo demás, la mujer no ha avanzado ni retrocedido, sino que se ha quedado en el umbral, perenne como un pino.
El leguleyo que había sentado en una de las mesas de detrás me lo ha aclarado con una desagradable interjección:

"que me cierres la puerta"

Al fijarme, he visto a toda la sucursal estaba expectante de a ver qué pasaba con la puerta. Me imagino que se habrán sentido vulnerables al ver que nada, ni siquiera sus milagrosas puertas antirrobo, les separaban de un señor despeinado en pantalones piratas.
Es que la galantería está reñida con esto del capitalismo, oye.
Os dejo con un video que lo resume todo:

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