Malabareando sin escrúpulos: los Galchenko

lunes, 26 de abril de 2010

Un genio fue una vez a la URSS y les preguntó a un niño avispado y a su hermana cuál era su deseo. Le ofreció ser notario de Marbella, lo que él rechazo categóricamente. Ídem cuando a ella le ofreció ser la exnovia de Jesulín.
"Genio, queremos ser los mejores malabaristas de la historia". El genio, extrañado, se lo concedió y marchó hacia tierras más calidas, donde rodó, con un contrato de autónomo dependiente, el Aladdin de Disney. Nunca más se supo de él, excepto que gastó sus últimas perras en un casino de Marsella, agarrado a la botella y echando de menos tiempos pasados.
Con el tiempo los niños crecieron. Lo que para ellos antes había sido un juego, se convirtió en su profesión.


Vova is able to blur the transition between tricks so completely that it often seems
as if he's not doing tricks at all". Jason Fagone, The New York Times.

La verdadera historia seguramente sea un poco más cruenta. Un padre severo, largos entrenamientos, una infancia perdida. Dejando a un lado estos pequeños detalles de las causas, centrémonos en las consecuencias.
Olga y Vova son los mejores malabaristas de la historia de la humanidad. Esto lleva a lo siguiente: son virtualmente omnipotentes. Parece absurdo, pero vayan a donde vayan siempre habrá alguien dispuestos a pagarles un grandísimo montón de dinero para que hagan lo que mejor saben hacer, ya sea por publicidad, espectáculo o bizarría. Emigraron a los USA, donde a Vova le dio por los coches rápidos, uno de los cuales empotró, y a Olga por los estudios.
Se ha dicho que su malabarismo se asemeja a la perfección. Esto es una exageración, por supuesto. Pero no una de las más grandes que he oído:


"Beautiful- a kind of kinetic sculpture, a bravura display of human determination
bringing order to the chaotic physical world". Lev Grossman, Time.

Por desgracia, Vova parece compensar su grandísima habilidad con una actitud hacia la vida digamos poco compleja. Además de estamparse en coche él solito y casi echar tirar por la ventana lo que le da de comer, se dedicaba en su blog a comentar las virtudes del sistema capitalista frente a la cutrez del comunismo (recordemos que precisamente el comunismo es el que le ha amamantado). Prudentemente, su padre le ha debido aconsejar que dejase de escribir y se dedicase a lo suyo. Ha definido el malabarismo de la siguiente, triste, manera: "There’s nothing you can express through juggling. It’s just throwing and catching ...".
Algunos críticos, más apasionados del arte que él, han dejado las acertadas frases para su enaltecimiento que adornan los pies de video en este artículo. Para mí, Vova y Olga Galchenko han sacado el malabarismo desde su categoría de entretenimiento de perroflautas y lo han llevado a las cotas más elevadas del arte.

Somos rusos. Somos hermanos. Somos malabaristas. Estamos forrados.

Para acabar, os pongo mi vídeo favorito. Lo que más me impresiona es el momento en el que se pasa los bolos por debajo de las piernas en el jacuzzi, cuando hace malabares con cinco bolas sentado (no os imagináis lo complicado que es eso), y cuando baja las escaleras. Todo con la cara de soviético impasible que le ha ganado el apelativo de "Russian robot". Que disfrutéis.



Ou yeah, Vova, oh yeah.

Más, aquí:

3 comentarios:

Radmains dijo...

Me ha encantado esta entrada. Me quedo con la frase del chico:

"There’s nothing you can express through juggling. It’s just throwing and catching ..."

La cantidad de mierda que habrá tenido que tragar ese chaval para estar donde está.

n.S. dijo...

Pues sí... muchísimo trabajo, muchísima gilipollez, y un montón de sacrificios. Ahora bien... todo lo que va a trabajar en su vida va a ser "just trowing and catching"
Hay unos vídeos en youtube de él con 5 años, y ya le daba al malabar y a otras frikerías varias, todo idea del padre. El padre, que por cierto es el que cuelga los vídeos, aún a día de hoy.

Sevda Dere dijo...
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